Luis Vázquez Sentíes
Socio Fundador y Presidente del Consejo de Administración
Diavaz
CAPITAL HUMANO Y RSE DIAVAZ
Los inicios de Diavaz se remontan a 1973, cuando mi hermano Óscar y yo nos iniciamos en los servicios de buceo para el sector del petróleo en Tamaulipas. Aunque desde niños estuvimos inmersos en la dinámica de la industria de hidrocarburos, cuando fundamos Diavaz lo hicimos como se hace casi todo a los veinticinco años, sin tener la más remota idea de que estábamos sentando las bases de una empresa que lograría tener más de cuarenta años de trayectoria.
Aprendimos sobre la marcha, gracias a la disciplina, a los valores del trabajo, y a un equipo de colaboradores extraordinarios, muchos de los cuales nos han acompañado desde los inicios. Nosotros solemos afirmar que hay que tener espíritu de buzo para trabajar en Diavaz y lo seguimos afirmando, porque en este sector hay que tener compromiso, estar dispuestos a aprender y, sobre todo, a dar siempre el máximo esfuerzo a una industria que demanda mucho, pero que igualmente recompensa a quien le dedica su trabajo y entusiasmo.
Hoy, seguimos haciendo actividades de buceo, junto con muchas otras que incluyen las de exploración y producción, operaciones marinas, integridad de instalaciones petroleras y distribución y transporte de gas natural. Demandamos, por ende, una amplia gama de profesiones y de capacidades para atender a clientes que dependen de nuestros insumos para su propia capacidad productiva. A diferencia de nuestros inicios, ya no empleamos sólo
a buzos, pero seguimos requiriendo la misma entrega, excelencia y dedicación.
Para competir en forma eficiente en un mercado abierto de energía, es indispensable contar con un capital humano de calidad. México requiere de ingenieros, geólogos, químicos, físicos, técnicos, diseñadores industriales y otras muchas disciplinas vitales para la producción y distribución de hidrocarburos. Esos profesionistas se forman en las aulas, pero se forman también en las empresas. Nosotros nos hemos hecho el propósito de ser muy exigentes al demandar talento mexicano, pero siempre acompañado con el compromiso de ser también semillero y fuente de talento nacional.
A lo largo de los años hemos adquirido experiencia técnica y práctica, pero también corporativa. Aprendimos la importancia de que una empresa tenga valores específicos que rijan su quehacer cotidiano, sus relaciones con sus colaboradores, sus socios, sus competidores y, sobre todo, con sus clientes. Aprendimos la relevancia de una visión de negocio alineada a esos valores. En torno a ellos construimos, finalmente, una misión clara e inequívoca.
Aprendimos también la importancia de tener procesos transparentes e institucionales, que hoy constituyen la columna vertebral de la empresa y que garantizan su continuidad más allá de nosotros o de nuestras familias. La recompensa de actuar bajo estos criterios, claro está, incluye el aspecto económico, pero no se limita a éste. Diavaz nos ha dado la oportunidad de trabajar de cerca con las comunidades de los estados en los que tenemos presencia, como Campeche, Veracruz, Tamaulipas, Michoacán, Nuevo León, por mencionar sólo algunos. Son comunidades conformadas por gente acostumbrada a los rigores de la industria petrolera, al trabajo incansable que exige y a las largas jornadas que transcurren lejos de las familias. De ellas proviene parte del personal de Diavaz y ellos han sido parte esencial del éxito de esta empresa y de las divisiones que la conforman.
Por ello, en Diavaz trabajamos directamente por fortalecer el bienestar de estas comunidades a través de obras de responsabilidad social empresarial (RSE) que incluyen recuperación de espacios públicos, remodelación de escuelas, mejora de vialidades, talleres productivos, suministro y tratamiento de agua, así como fomento al deporte y la cultura a través de espacios propicios para esas actividades. Los proyectos, por lo general, emanan de propuestas de los pobladores de la región, por lo que, al participar en ellos, hemos logrado sumar esfuerzos, así como la enorme oportunidad
de ser parte de las alternativas que la comunidad elige para atender los retos que enfrenta.
En estas labores hemos buscado siempre construir sinergias que multipliquen y optimicen no sólo los recursos materiales y financieros, sino también el capital humano que estas acciones requieren. Para ello trabajamos en estas acciones de responsabilidad social empresarial en alianzas estratégicas con Pemex, con nuestros socios comerciales, nuestros colaboradores y la población. Nuestro acercamiento es, por ende, siempre uno de respeto hacia los grupos beneficiados, con el ánimo de contribuir a la construcción de sus propias soluciones.
Algunos de los ejes principales de nuestro actuar son:
- La congruencia entre los valores de Diavaz, sus fundadores, nuestros empleados y asociados.
- Nuestra labor de responsabilidad social empresarial contribuye a construir, desde nuestra trinchera y con las posibilidades que tenemos a nuestro alcance, el México al que aspiramos. Para nosotros el futuro de este país está ligado al bienestar sostenido de las comunidades, a la educación, la igualdad de oportunidades, el estado de derecho, la productividad y el respeto al medio ambiente. Procuramos, entonces, que nuestras acciones sean pasos seguros en esa dirección.
- Como toda empresa que lleve a sus espaldas más de cuarenta años de labor, Diavaz ha evolucionado, y lo seguirá haciendo. En este sentido, también nuestras actividades de RSE han evolucionado, pero no los principios que la rigen. Estos principios nos han permitido conservar siempre una aproximación de respeto y diálogo hacia las comunidades beneficiadas, una clara inclinación para multiplicar esfuerzos y el compromiso de redoblar esfuerzos cada año.
La responsabilidad social se ha posicionado como una condición prácticamente indispensable del quehacer de una empresa que aspire a construir una sólida reputación entre sus audiencias. Para nosotros en Diavaz la responsabilidad social es una inversión de largo plazo en una comunidad determinada que redunda en amplios beneficios para la empresa que van mucho más allá de la reputación. Una comunidad empoderada, que se halla inmersa en un desarrollo del cual la población es el propio agente gestor y la empresa –tanto en su quehacer productivo como en sus actividades de RSE sólo es uno más de los insumos que lo conforman, se convierte por definición en una comunidad productiva, capaz de generar riqueza y capital humano de alta capacidad técnica y también de ser un consumidor final de bienes y servicios. En otras palabras, en Diavaz vemos a las actividades de RSE como una inversión en nosotros mismos y en el tejido social de las comunidades. Nuestras actividades en esta materia nos han llenado
de satisfacciones, pero también hemos visto el retorno claro de esa inversión. Las comunidades en las que trabajamos o tenemos presencia han evolucionado mucho. Algunos de los jóvenes de esas comunidades se están incorporando a Diavaz y hoy contribuyen con su talento y capacidad a la empresa. Son jóvenes que tuvieron más y mejores oportunidades que sus padres en una comunidad que ha cambiado para bien, en la cual sus habitantes pueden aspirar cada vez más a un mejor nivel de vida. Como empresa, el saber que hemos contribuido a esa transformación, es la mejor y más tangible de las recompensas.




