José Martí
Director General
B&Lead
SER LÍDER: CONSECUENCIA DE LA
PLENITUD DE SER HUMANO
Hablemos de Ser Líder, no solo de Liderazgo. Siempre ha existido en mí una gran inquietud por la dimensión del SER. A lo
largo de casi 40 años de experiencia profesional, he observado
cómo virtudes esenciales del Ser Humano tales como el Aprecio,
la Humildad o la Confianza se cubren (o reemplazan) por interés
propio, arrogancia y desconfianza respectivamente, creyendo que
así se hace mejor negocio.
Quiero cuestionar esta creencia, no solo con mi propia experiencia, sino con fundamentos sólidos. Mucha literatura existe ya respecto a técnicas, estrategias y programas de Liderazgo, que buscan incrementar nuestros conocimiento y habilidades sobre este
tema. Sin embargo, conocimientos y habilidades, son solamente dos de los componentes necesarios para desplegar una verdadera
capacidad de Liderazgo.
Un famoso estudio de la Universidad de Harvard, conocido como
uno de los más profundos sobre Liderazgo, demuestra que conocimientos (el SABER) y habilidades (el HACER), son necesarios
mas no suficientes para alcanzar un «Liderazgo Auténtico»; a diferencia de cualquier otra capacidad organizacional, la capacidad
de Liderazgo requiere de un tercer elemento: el SER.
Este profundo estudio de campo analiza las características de un
grupo muestra compuesto por 125 Líderes de diversos países, industrias, edades, etc., y encuentra que la única característica común entre ell@s es que “…su capacidad de liderazgo emerge de sus
historias de vida”. Es decir que, a través de sus experiencias de
vida, estas personas han alcanzado una mayor comprensión sobre
quiénes SON como seres humanos y de las virtudes naturales que
los distinguen como tales. Y concluye el estudio:
“Los Líderes auténticos demuestran pasión por su PROPÓSITO,
practican VALORES consistentemente y lideran tanto con el
corazón como con la cabeza”.
Estas personas han sabido conectar el CORAZÓN, de donde
emergen las virtudes, con la MENTE, donde nacen conocimientos y habilidades. Hablemos de Valores como el primer pilar sobre el que se construye un Liderazgo Auténtico y posteriormente
tratemos el tema de Propósito. Centro en el Cliente, Trabajo en
Equipo, Mejora Continua, Orientación a Resultados, etc., son valores corporativos muy comunes. En muchos casos se comete el
error de asumir que todos en la organización entienden lo mismo
de cada valor y simplemente se comunican, se cuelgan pendones
en las paredes de todas las oficinas y se mencionan en los discursos de dirección…pero nada cambia.
Algunas empresas hacen un mejor trabajo al respecto y definen
comportamientos específicos relacionados con cada Valor. Estos
comportamientos se comunican continuamente y se incluyen en
programas de entrenamiento corporativos, lo cual permite un entendimiento más profundo y uniforme respecto a lo que la empresa espera de cada colaborador.
Sin embargo, esto sigue quedando corto, pues los colaboradores
pueden aprenderse de memoria dichos comportamientos y llevarlos a cabo, simplemente para cumplir con los requerimientos
de la empresa (ámbito del SABER/HACER). Aunque esto pudiera
parecer un cambio positivo en un principio, no tendrá aun la profundidad ni la sustentabilidad necesarias.
Solo cuando los comportamientos emergen del ámbito del SER,
es decir, de las VIRTUDES ESENCIALES del ser humano, se logra dicha profundidad y sustentabilidad, y el consiguiente impacto en el negocio. Cuando la colaboración y el trabajo en equipo
emergen de la CONFIANZA, la creatividad y la innovación de la
HUMILDAD y la orientación al cliente del APRECIO por el ser
humano.
El problema es que virtudes como éstas con las que nacimos, tienden a ser cubiertas debido a las experiencias de dolor, propias del
proceso de formación de cada uno en la vida. Haciendo una analogía con la historia del gran escultor italiano Miguel Ángel, cuenta que alguien le preguntó cómo era posible que hubiera hecho tal
maravilla como lo es «El David» y Miguel Ángel respondió que él
no lo había hecho, que El David ya estaba adentro de la piedra y él
simplemente quito el excedente de piedra que lo cubría.
Las experiencias de dolor de la vida, conscientes o inconscientes,
van haciendo que cubramos nuestra propia esencia, nuestro «David». Y cubrimos así el Aprecio con el interés propio, la Confianza
con la desconfianza, la Humildad con la arrogancia, etc. Conocí un gran vendedor en una importante empresa trasnacional, que
llegó a ser VP de Mercadeo y Ventas para América Latina. Con
el afán de cerrar una venta actuaba con enorme pro-actividad y
atención hacia el cliente. Cualquier llamada de un cliente la regresaba de inmediato, daba seguimiento a lo ofrecido y siempre
superaba sus objetivos de venta. Lo que no vi que lograra siempre
es la LEALTAD de su cliente.
Ya como director de ventas, lo observaba en la interacción con su
equipo de trabajo. Su habilidad de comunicación era sobresaliente.
Hablaba del gran valor de la mejora continua y la creatividad para
estar al frente de la competencia. Sin embargo, cuando algo salía
mal, buscaba culpables y justificaciones con una enorme arrogancia. Nunca lo vi aceptando un error personal o reconociendo que
algo no sabía. Evidentemente la creatividad no se daba en su equipo, sin embargo, los objetivos del grupo normalmente se alcanzaban, pues otra de sus grandes habilidades era la administración
del desempeño. Era metódico y disciplinado en la revisión de resultados y tenía conversaciones de desempeño continuas con cada
miembro de su equipo. Contaba con la entrega y compromiso de
sus colaboradores. Pero nuevamente, lo que nunca obtuvo de ellos
fue su LEALTAD.
Este ejecutivo fue reemplazado repentinamente después de una
larga trayectoria a los 52 años de edad, pues la empresa perdía
participación de mercado. LEALTAD de colaboradores y de clientes es el fundamento básico del crecimiento sostenible del negocio.
Pero como vimos, ésta no es función solamente de habilidades
y conocimientos (HACER/SABER), sino de virtudes esenciales
también (SER). La capacidad de generar lealtad la he visto solo
en aquellos capaces de transmitir al cliente su interés en él/ella
como PERSONA, antes que como cliente (Aprecio). Lo he visto
en quien regresa una llamada a su cliente simplemente porque
quedó con esa persona en regresarle una llamada, no solo por cerrar una venta. Lo he visto en quienes reconocen errores o áreas de oportunidad propias ante sus subordinados (Humildad) y en
quienes tienen conversaciones de desempeño con sus colaboradores movidos por un auténtico interés por su crecimiento y felicidad como PERSONAS, no solo como miembros de su equipo
(Aprecio y Confianza).
He notado así que, aun cuando las acciones y palabras sean las
mismas al regresar una llamada o tener una conversación de desempeño, la lealtad nace de la profundidad de la INTENCIÓN, no
del acto en sí mismo; nace de la dimensión del SER, no solo del
HACER o del SABER. Ese es el gran poder de la intención y, sin
embargo, ¿cuántas veces al día o a la semana nos detenemos a preguntaros cuál es la verdadera intención de lo que hacemos?
La intención profunda, no es una serie de acciones o palabras surgidas de la mente, sino una poderosa vibración que emerge del corazón. Es algo que se siente sin necesidad de decirse, que impacta
sin nombrarse. La dirección y profundidad de la intención yacen
en el equilibrio de las dos raíces más profundas del actuar humano: el MIEDO y el AMOR. Del Amor surge la pasión -conciencia
de abundancia-; mientras que el Miedo vincula solo el interés propio como motivador del actuar –conciencia de escasez-.
Estas dos grandes fuerzas generadoras del actuar humano, son reflejo exacto de las fuerzas que gobiernan el cosmos: Contracción y
Expansión. Ambas fuerzas son necesarias, al igual que el Amor y
el Miedo. El Miedo genera protección y contención, mientras que
el Amor busca la expansión y el crecimiento.
Por tanto, no se trata de eliminar el Miedo, sino de lograr el equilibrio entre ambas fuerzas. Adam Smith (1723-1790), reconocido
como “el padre de la Economía”, lo expresa así: “Existen dos fuerzas que guían y generan el actuar humano: la benevolencia hacia
los demás y el interés propio… La sociedad moderna, a partir del
surgimiento de la economía de mercado, se encuentra dominada por el interés propio…sin embargo, nunca podrá el interés propio
sustituir a la benevolencia como elemento necesario para alcanzar
opulencia universal”.
Keneth Boulding (1910-1993), uno de los economistas más relevantes de finales del siglo pasado, concluye lo siguiente: “El mayor
obstáculo al crecimiento económico ha sido la incapacidad del sistema integrador para impulsar el amor más allá del ámbito familiar.”
Boulding identifica en su teoría económica 3 sistemas predominantes en la sociedad moderna: el de Amenaza, el de Intercambio
y el Integrador.
El primero se refiere a la esclavitud o la dictadura, donde el Miedo es la base de su funcionamiento: Quien no cumple pierde su
libertad o incluso la vida. El sistema de Intercambio, dominante
en la sociedad actual, se fundamenta en el interés propio al que se
refiere Adam Smith: Devuelvo la llamada a un cliente por el solo
interés de cerrar una venta. El tercer sistema, el Integrador, opera
impulsado por al Amor según Boulding: Devuelvo una llamada
por respeto/aprecio hacia la PERSONA, no solo por cerrar una
venta.
Tanto Smith como Boulding afirman que el AMOR es indispensable para un crecimiento económico óptimo y sustentable. Sin
embargo, la sociedad moderna lo ha relegado al ámbito familiar
como lo sugiere Boulding…del amor solo se habla en casa o en el
templo, nunca en el trabajo. Hemos partido así la vida en dos: 1)
lunes a viernes y 2) fin de semana. Creo que esto podría explicar
también la afirmación de Adam Smith en el sentido que nos encontramos dominados por el interés propio: 5 días de la semana
los dedicamos ganar lo suficiente para disfrutar escasos 2 días de
fin de semana, que intentamos enfocar a la familia y al «amor».
Imagina que no existiera esta división, que la misma motivación y
entusiasmo te hicieran despertar un lunes para ir al trabajo que un sábado para viajar con tu familia o ir a un juego de futbol. ¿Sería
tu vida diferente? Probablemente tendría un sentido más integral
y de congruencia, como el referido por Boulding en su llamando
sistema Integrador. Pero no suena muy fácil ni lógico. Obviamente las motivaciones para ir a trabajar son distintas a las de viajar
con tu familia o divertirte con tu actividad preferida.
Esto es lo que yo llamaría motivaciones superficiales o inmediatas,
que varían claramente de una actividad a otra. Lo único que puede llevarnos al sistema integrador de Boulding son motivaciones
profundas que guían y abarcan todas las actividades del día o de
la vida, por muy diversas que puedan ser. Por ejemplo, ganar el
dinero necesario para vivir, es una motivación limitada a la actividad laboral, y por tanto diferente a las de otras actividades.
Por otro lado, descubrir y manifestar mi propio potencial como ser
humano, o impactar la vida las personas para su crecimiento y felicidad pueden ser motivadores que abarquen tanto el trabajo como
el descanso y la construcción de una familia. Esto es PROPÓSITO.
Y esto aplica a las organizaciones también. Aquellas que operan
con un propósito profundo, más allá de optimizar utilidades, han
demostrado tener mayor sustentabilidad y crecimiento (Starbucks, WholeFoods, Google, Toyota etc).
No todos tenemos un propósito profundo claro en la vida, pero
el momento en que éste aparece, cualquier motivador superficial
que hayamos tenido tiende a desvanecerse, pues el resultado de lo
que este tipo de motivador buscaba «se absorbe» en el resultado
mismo del propósito profundo, convirtiéndolo en una mera consecuencia.
Una consecuencia natural de descubrir y manifestar mi potencial
como ser humano o de producir bienestar para la sociedad será la
generación de ingresos; tanto para individuos como para empresas. Esto es así por una simple pero profunda razón de naturaleza universal a la que me referí antes: La Pasión, que nace del Amor
y de una conciencia de abundancia, genera naturalmente crecimiento y expansión; mientras que el interés propio que surge del
Miedo a no tener y de la noción de escasez, naturalmente genera
contracción.
Ambas fuerzas como ya mencioné, Amor/Expansión y Miedo/
Contracción, son necesarias desde la misma perspectiva cosmogónica, pero es el equilibrio entre ambas fuerzas lo que puede llevarnos a la “opulencia universal” de Adam Smith, al “crecimiento
económico” de Kenneth Boulding o a la Plenitud del SER que aquí
propongo.




