Jose Manuel Bas Alvarez
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Por: José Manuel Bas Álvarez

DIRECTOR DE RECURSOS HUMANOS

GNP SEGUROS

Mi capacitación, sensibilización y mi experiencia en materia de discapacidad, ha sido de la mano de grandes seres humanos, personas que a través de su condición de vida me han dado la oportunidad de entender en diferentes dimensiones lo que significa ser una persona con discapacidad, lo que implica hablar de una cultura de inclusión y sobre todo lo que significa generar un ambiente de respeto y aprendizaje para las personas con y sin discapacidad.

La primera persona con discapacidad que conocí fue a Ricky en 1984, yo tenía 15 años y Ricky, hermano menor de un muy buen amigo, tenía 12 años. Ricky tenía Síndrome de Down, lo que mejor recuerdo de él era su capacidad de transmitir afecto de una manera espontánea y muy efusiva. Recuerdo que un abrazo de Ricky me hacía sentir un cariño muy especial. Mi amigo Ricky y su familia se fueron a vivir a Estados Unidos pues allá, comentaban sus papás, habría mejor infraestructura para que Ricky pudiera crecer y desarrollarse.

Crecí y durante muchos años más no tuve, ni me di la oportunidad de tratar con alguna otra persona con discapacidad, hasta que hace 12 años un día mi esposa me pidió acompañarle a hablar con el director del colegio de nuestros hijos (algo que nunca habíamos hecho). El motivo de la visita es que se había cancelado el programa de inclusión, que consistía; en que en cada salón del colegio hubiera al menos un alumno con discapacidad. Programamos una cita, y a pesar de que esta cita ocurrió hace varios años, la recuerdo como si hubiera sido esta mañana. El personal de la escuela nos recibió, y fue una sorpresa para mí escuchar la primera pregunta que hizo mi esposa “¿Qué ha pasado para que se haya decidido que nuestros hijos ya no tendrán la oportunidad de crecer, convivir y aprender de sus compañeros con alguna discapacidad?”

Yo, que iba dispuesto a increpar al director para defender a aquellos compañeros de mis hijos, al oír la pregunta que hizo mi esposa quedé tan sorprendido que ese fue el momento que marcó un antes y después sobre mi involucramiento en el tema de la discapacidad. A partir de esa experiencia empecé a dedicar más tiempo a documentarme y a ejercer una conducta con mayor conciencia hacia las personas con alguna discapacidad. De profesión soy actuario y trabajé muchos años en temas relacionados con pensiones e inversiones; sin embargo, diversas experiencias me acercaron a conocer cada vez más sobre el desarrollo integral de las personas y hace ya más de 15 años decidí darle un giro a mi carrera profesional y orientarla al área de los Recursos Humanos. Este movimiento profesional, que en aquel momento fue muy criticado por amigos y familiares, con el paso del tiempo me ha hecho sentir mucho más completo y capaz de poder influir en los resultados de las empresas a través de su gente.

Este cambio de dirección profesional fue drástico y un gran reto, del cual no me arrepiento, como varios con cariño, predecían. Siempre me había sentido muy pleno con el ejercicio de mi profesión, pero hoy en particular disfruto más que nunca de mi trabajo como director del área de Recursos Humanos en Seguros GNP.


Hace ocho años inició el marco de mi segunda gran experiencia en el tema de discapacidad, en GNP Seguros inició el programa de inclusión para personas con discapacidad, guiado por la visión y sensibilidad de Alejandro Baillères, en aquel entonces Director General de GNP. Este programa de inclusión a la fecha ha logrado integrar al ámbito laboral a más de 180 colaboradores, y desde hace cerca de cuatro años junto con un gran equipo, he tenido la oportunidad y responsabilidad de seguir creciendo este programa para generar una sólida cultura de inclusión en materia laboral.

El programa de inclusión de GNP Seguros inicia su historia con la contratación de Lalo; Eduardo Bernal, quien se dedicaba a vender chicles en una esquina cercana a las oficinas matriz de GNP. Lalo tiene una discapacidad motriz que le impide moverse y hablar con facilidad. Hoy después de ocho años, con mucho empeño y esfuerzo en la capacitación, sensibilización de compañeros y supervisores, apoyo de instituciones expertas en el manejo de esta y otras discapacidades; Lalo continúa inspirando con su actitud inigualable y servicio de calidad, diariamente organiza y programa las entrega toda la mensajería de GNP. Cada mañana entre las siete y ocho de la mañana, recibo con enorme gusto un mensaje en mi teléfono de parte de Lalo, un mensaje con algún pensamiento o reflexión que me da una energía muy especial para empezar ese nuevo día. Lalo, con su alto grado de sensibilidad ha generado en mí una extraordinaria influencia.

Otra de las historias que ha acompañado mi aprendizaje en lo que es la cultura de inclusión, combina uno de mis grandes placeres en la vida: correr. Difícilmente pasa algún día sin que lo haga y he tenido la fortuna de correr en carreras muy especiales en distintos países. Sin embargo, cuando me preguntan cuál es la carrera que más he disfrutado, sin duda alguna mi respuesta es la primer carrera de 5 kilómetros que corrí con Miguel Ángel, compañero invidente y amigo que conocí en GNP, quien que me ha dado la oportunidad de ser su compañero en esa y en otras muchas carreras, en la modalidad de deporte asistido, donde he tenido las mejores sesiones de coaching y aprendizajes a los que uno pudiera aspirar a tener. En esa primera carrera que corrí con él, que, por cierto, estuvimos a punto de ganar al no hacerlo, me dio uno de los mayores aprendizajes, que fue que no solo se gana cuando se es el primero en cruzar la línea de meta, se gana cuando uno aprende, cuando uno se da, cuando se confía mutuamente. Se gana cuando se crece y se completan las capacidades de uno con las del otro.

Otro aspecto que he podido constatar, es la capacidad de servicio que tienen las personas con alguna discapacidad. En el Centro de Servicio de GNP colaboran varios compañeros con discapacidad visual, y su sensibilidad para entender, sentir y empatizar con nuestros clientes, es excepcional. No sólo son ejemplo, sino fuente de inspiración para esforzarnos más y poder dar ese servicio extraordinario. Las personas con discapacidad nos enseñan cómo una vulnerabilidad, al reconocerla y aceptarla, nos permite potencializar otras capacidades de una forma muy especial.

Mi principal intención al escribir estos párrafos es animar a todos aquellos que amablemente los lean, a que dentro de su ámbito y en la medida que les sea posible, busquen la forma de darse la oportunidad de vivir experiencias con gente que tenga alguna discapacidad. De inicio, para muchos pensar en el tema de inclusión de personas con discapacidad, de manera típica se nos ha inculcado, que al hacerlo aportamos a construir una sociedad más responsable y por ende a un mundo mejor; y bueno, seguramente algo hay de eso, pero yo recomendaría hacerlo por un propósito de experiencia personal, sencillamente para darse la oportunidad de aprender de otras formas de ver, de sentir y de valorar la vida, créanme que de otra forma sería difícil siquiera imaginarlo.

Aquellos que tengan el privilegio de poder influir e incorporar de manera formal un programa de inclusión en su organización, cualquiera que sea su tipo, no dejen de dar la oportunidad a sus colaboradores de vivirlo. Como todo lo que vale la pena en la vida, requiere de mucho trabajo, planeación, voluntad, sensibilización y particularmente del apoyo de expertos en el tema; pero si buscan el crecimiento de su empresa y fortalecimiento de su organización, estoy convencido de que viene de la mano del “crecimiento de su gente”.

Por último, quiero cerrar este sencillo escrito agradeciendo a todas las personas que han hecho posible el programa de inclusión en GNP, del que les he compartido apenas una pequeña probada, y que ha sido toda una experiencia de vida. Esta experiencia ha sido un privilegio ya que sencillamente me ha mostrado una manera distinta de ver la vida, porque me ha permitido una forma diferente de ejercer mi vocación, pero sobre todo me ha dado la oportunidad de ser una mejor persona.


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