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Por: Claudia Trujillo

EX SECRETARIA DE ECONOMIA DEL GOB DEL EDO CHIAPAS

EX COORDINADORA DE MUJERES EN MOVIMIENTO

El ser humano a lo largo de su vivencia en la sociedad, ha sido autor principal de grandes cambios en la historia, tanto económicos, políticos, sociales, educativos, y tecnológicos, pero de manera preponderante se observa cómo ha ido dejando a un lado su humanidad hacia el mismo, y hacia los demás, originando una sociedad donde se observa se privilegian intereses personales, y cada vez menos los colectivos, refiriéndose a que el objetivo de cada ser humano se volvió egoísta buscando solo el bienestar personal, mas no global.

En la actualidad observamos como se ha venido convirtiendo en cotidiano, la presencia de injusticias sociales, el abuso de poder, cada día la discriminación de género y raza más presente, una violencia en contra de Mujeres y niñas imparable, todo ello un conjunto de cosas que van generando seres con resentimiento, insensibles, inmunes al dolor y al sufrimiento de los demás, y así destruyendo las posibilidades de aplicar la solidaridad o sororidad (hermandad entre mujeres) entre nosotros, y ahí aparece una relación con el egoísmo entre seres humanos, surgiendo la disyuntiva entre humanización y deshumanización.

En ese contexto la pregunta a realizarse seria, ¿Cómo se construyen en esta nueva sociedad los liderazgos?, cuando se evidencia en ella, una sociedad altamente agresiva, familias disfuncionales, salones de clase, donde la niñez y juventud en ocasiones muestran actitudes negativas hacia una convivencia pasiva con los demás; llevándonos todo esto a la toma conciencia de los casos de bullying y violencia que los estudiantes viven en las calles, en hogares y en escuelas, sin el mas no mínimo de respeto hacia las emociones de los demás, surge con ello una interrogante, como evitar que este fenómeno de deshumanización se prolongue transformándose en una alerta mundial, donde la ausencia de humanización se traduce en la causa de guerras, pobreza, impunidad, violencia, corrupción; o sea los principales problemas del mundo contemporáneo que son consecuencia de que esos seres humanos no piensen en los demás y, que desde pequeños al no ser criados en valores tales como: respetar la dignidad humana individual y colectiva se conviertan en seres deshumanizados que provocan liderazgos insensible e inhumano.

Para entender esa ausencia de valores debemos identificar con claridad, que es la deshumanización; a la que señalaremos como una expresión de la alienación y dominación, es la distorsión de la vocación de humanizarnos. Donde podemos encontrarla, mala noticia es una cuestión universal y se refiere a los ámbitos de la vida humana.

Ante ello, entonces aquí el gran reto, se convierte en como lograr programáticamente las metas y alcances deseados, sin deshumanizarnos, como privilegiar, un ¿Cómo estas?, ¿un todo bien por casa?, ¿un estas mejor? a obtener a pesar del agobio personal que a veces acompaña al ser humano en contextos personales, solo un, ¿concluiste el trabajo ¿Logramos las metas o no ¿ ; sin en ningún momento tomar en cuenta que la persona a la que nos dirigimos es un ser humano, no un tabla de estadísticas, no un mecanismo para solo lograr una meta o un puente para cruzar y lograr avances.

Porque resulta de gran relevancia Humanizar el liderazgo?, pues nada más y nada menos pues porque el ser humano sólo da lo mejor de sí mismo cuando encuentra sentido en lo que hace y es capaz de conectarlo con algo mayor, un propósito más elevado en el que encuentra la inspiración para ir más allá y alcanzar resultados, que hoy en día difícilmente se pueden alcanzar y sostener en solitario, nuestra sociedad de manera reincidente y permanente, sigue los patrones de él o la líder, de ahí la gran relevancia de sumar ideas básicas y de organización, con la finalidad de reflexionar con un alto nivel de análisis y autonomía sobre las actitudes y habilidades que facilitan el trabajo en equipo, la importancia de la escucha en gestiones de conflicto, el manejo de situaciones de dificultad, el como trabajar en unidad, la gestión de cambio y la del conocimiento, la necesidad de ser auténticos en el liderazgo, reconocer los limites personales, la tolerancia a personas difíciles y resistentes al cambio, como podemos ser cordiales, espirituales y profesionales a la vez, sin dejar a un lado la resiliencia, para perseverar y alcanzar el cambio hacia la humanización del liderazgo.

Humanizar a las entidades significa construir una comunidad en las que las personas que se sitúan en la centralidad y establecen relaciones de calidad basadas en la voluntad de compartir un espacio común a largo plazo, en el que el Líder es una persona capaz de inspirar a los demás mostrando el camino, aunque este tenga señales contradictorias y difíciles de identificar a primera vista. Son personas que crecen ante la adversidad y que, lejos de buscar caminos fáciles y cortos, deciden sobre aquello que esta llamado a hacer en cada momento con la perseverancia de mantenerse firmes y pensar en todos.

Hay algunas características en los lideres que debemos identificar para entender, porque la relevancia de la óptica humanista en su desarrollo, como compresión clara en su rol de líder, siendo siempre consciente de su misión y de como esta generara patrones que condicionan su manera de actuar; por ello debe observarse así mismo en todo momento, para reconocer sus emociones y poner una intención a sus actos; de colocarse en diferentes perspectivas a la hora de analizar cualquier situación y valorar el impacto de sus decisiones en los demás, garantizando que todo el mundo se sienta escuchado, partícipe y vinculado.

El liderazgo es algo personal y sutil, de ahí que quienes decidimos asumirlo, debemos ser capaces de manejarnos personalmente para relacionarnos con diferentes entornos, ser un ejemplo que inspire a otras personas, que deseen alcanzar resultado extraordinarios, para que tomen decisiones que quizá titubean en tomar, a impulsar la participación activa en procesos que quizá solo observaban, en fin si queremos en estos tiempos deshumanizados y de turbulencia social, se logre el enfoque y ejecución de temas claves y decisión para nuestro País, nuestra Ciudad, nuestra Comunidad, nuestro hogar, nuestro centro de trabajo, es del todo necesario contar con personas firmes, sinceras, humanas, sensibles, entre otras características que nos permitan lograr metas, con ellas, no a costa de ellas.

Cuando hablamos de humanizar el liderazgo, queda claro entonces la relevancia de los sentidos, de la interpretación y de las decisiones, mismas que deben ser sensibles, humanas y certeras, dado que trabajamos por generar expectativas, por mitigar miedos e inseguridades, por fortalecer valores y creencias, por generar patrones y hábitos, con solo conversaciones en niveles informales, con murmullos, con emociones, con evocaciones de grandes metas, con un si se puede no te rindas, dar coherencia y alimentar los diferentes niveles del sistema, que integran en una comunidad, la ciudadanía, los núcleos sociales, su organización y por ende la comunidad entera.

La sensibilidad de un líder de ir logrando sus propósitos paulatinamente, sin avasallar solo aspirando con logros enormes y de largos plazos, sino impulsando además metas a corto plazo que logren un vínculo perdurable, que reconozca el valor de trabajar en equipo, que genere compromiso y confianza con un propósito común, valores y una visión inspiradora, generando una cultura compartida con espíritu de equipo y de unidad frente a los obstáculos que se presentaran.

No podemos ni debemos permitir asumir como exitoso un líder que no dé coherencia y aliené cadenas de valor que fortalezcan y unan a las sociedades, con el compromiso de algo que ya está en las personas y en la propia comunidad, pero que no se ha logrado manifestarse en toda su plena capacidad y que solo se consigue mandando mensajes continuos de “existes”, “te veo”, “eres valioso”, “eres importante”, “eres especial”, “eres bienvenido”, “tienes algo que aportar”, entre otros. El buen líder crea espacios seguros y en el que no solo él pueda actuar, sino también los demás, pero además actuar, crecer y dar lo mejor de sí mismos, desarrollando y desplegando el máximo potencial de sus propias capacidades y habilidades. No olvidemos que humanizar los liderazgos tiene que ver con dar y encontrar sentido en él, como creador de oportunidades.


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