Ana Laura Arias
Founder & CEO
AIM & RHHR GROUP
Esta frase me representa. Porque si algo ha marcado mi vida no han sido los momentos cómodos, sino las decisiones que tomé en medio de la incertidumbre, el miedo o simplemente siguiendo mi intuición.
También soy el ejemplo perfecto de esa frase que dice: “Haz planes, y Dios se reirá de ellos.”
Porque muchas veces pensé que tenía el rumbo claro… y la vida me mostró que no. Pero eso no es malo. Al contrario, aprendí que cuando no tienes todo definido, debes aprender a escucharte a ti misma. El instinto, aunque no siempre lógico, suele tener razón.
Cuando la voz no parecía suficiente
Quería estudiar comunicaciones porque me encantaba la radio. Pero sentía que mi voz no era “radiofónica”, así que me convencí de que no era para mí. Estudié psicología, pero nunca solté ese sueño. Aun sin la carrera ni la voz ideal, busqué entrar a una estación de radio. No fue fácil, pero lo logré.
Hoy, tantos años después, vuelvo a estar frente a un micrófono con entrevistas en XO Leaders. Y esa experiencia me recuerda algo: no necesitas encajar para pertenecer. A veces, lo distinto también tiene valor.
Emprender con miedo… pero con propósito
Trabajaba en una empresa española donde nos dijeron que traerían ejecutivos desde España “porque ellos valían más que los mexicanos”. Fue un golpe duro, pero también un punto de inflexión.
Habíamos crecido de 2 personas sin oficina a 15 colaboradores, un espacio en Polanco y grandes clientes. Pensé: si ya lo hicimos para otros, ¿por qué no hacerlo para nosotros?
Con mi socio decidimos emprender. Empezamos con head hunting, luego capacitación, y hoy somos una firma de desarrollo organizacional.
¿Fue fácil? No. ¿Valió la pena? Sin duda.
El miedo estuvo ahí, pero aprendí a hacerle caso a algo más fuerte: mi intuición.
Trabajar duro no es suficiente (aunque nos enseñaron que sí)
Durante años creí que si trabajaba mucho, mis jefes lo notarían. Que los resultados hablarían por mí. Pero no es así.
Aprendí —a veces a golpes— que en el mundo profesional, hay que “cacarear el huevo”.
No se trata de presumir. Se trata de poner en valor lo que haces, de hablar claro, de dejar evidencia.
El liderazgo también se construye con visibilidad, no solo con esfuerzo silencioso.
Descubrí lo que realmente me apasiona
Todas estas experiencias, errores y aciertos, me llevaron a darme cuenta de algo profundo:
Me encanta ayudar a otros. Esa ha sido la constante.
En mis primeros años dentro de empresas, descubrí que disfrutaba profundamente los procesos de desarrollo organizacional, el coaching, mentoring, los planes de carrera…
Ayudar a las personas a ver lo que ellas mismas no veían, acompañarlas a lograr cambios, abrir caminos que no sabían que podían transitar.
Ver esa transformación profesional y personal fue —y sigue siendo— una gran fuente de motivación para mí.
Más adelante, desde mi propia firma, acompañamos a empresas a acelerar su desarrollo de forma medible y sin generar conflictos internos.
Trabajamos con líderes, equipos, estructuras… pero detrás de todo eso, hay personas. Personas que también necesitan ver con claridad hacia dónde van y cómo pueden crecer.
El divorcio: una decisión transformadora que creó un vínculo sano
Hace 15 años tomé la decisión de divorciarme. Fue un proceso transformador que me enseñó a manejarme sola, a disfrutar de mi libertad y a tomar decisiones sin presiones externas.
Lo que más sorprende a quienes me conocen es la relación que mantengo con el papá de mis hijas. Nuestra forma de llevar esa relación, basada en respeto, madurez y comunicación, ha sido valorada y reconocida por muchos.
No fue algo que sucedió por casualidad, sino el resultado de una decisión consciente y del compromiso mutuo por el bienestar de nuestros hijos.
Hoy, felizmente casada, sé que gran parte del éxito de esta armonía también se debe a la madurez y apoyo de mi esposo, quien ha sido fundamental para que todo funcione en equilibrio y respeto.
Gracias a esta experiencia, muchas personas se acercan a mí buscando orientación sobre cómo manejar sus propias relaciones familiares y personales.
Así nació de manera natural mi interés profesional por el coaching familiar y de pareja, un área que desarrollo con la misma pasión y compromiso que el coaching en el ámbito empresarial.
Socios con razón, no con el corazón
Uno de los consejos que más repito —porque lo viví— es este:
Si vas a tener socios, elige con la razón, no con el corazón.
Emprender con amigos puede parecer buena idea, pero no siempre funciona. Hoy sé que los valores, los objetivos y el profesionalismo pesan más que la afinidad emocional.
Y otra regla: sé discreto.
No todo se cuenta, no todo se presume. A veces, avanzar en silencio es lo que más te protege.
Para ti que estás leyendo esto
Quizá estés por tomar una decisión importante, y no tengas todas las respuestas.
Yo tampoco las tuve. Pero aprendí algo:
No necesitas tenerlo todo claro. Solo necesitas aprender a escucharte, y confiar en ti.
Tus decisiones te van a construir. Algunas dolerán, otras te van a cambiar para siempre.
Pero todas te acercarán a la persona que estás destinada a ser.Porque al final, el liderazgo no se trata de controlarlo todo.
Se trata de decidir, crecer, aprender… y moverse, incluso cuando el mar no está en calma.

